Una toalla es un corte de tejido absorbente, llamado felpa, cuyo uso principal es secar la humedad en el cuerpo humano mediante el contacto directo. Y una toalla de baño o toallón es generalmente rectangular, con un tamaño típico de alrededor 75x150cm. Y una toalla de mano es perceptiblemente más pequeña que la anterior, quizás 30x60cm., y se utiliza para secar las manos después de lavarlas. Y así, según todas las descripciones de toalla que da la Wikipedia, podríamos seguir hablando de tipos, tamaños y usos varios de semejante utensilio popular en nuestros baños.

Permítanme hacer un poco de historia de tan suave objeto pues ya era famoso en el tocador de una mujer romana allá por el siglo II a.C. y, tiene su continuidad incluso en la Edad Media, donde ya utilizaban unos trozos de tejidos que tan pronto hacían las funciones de un mantel como servían a modo de servilleta. También los pueblos bárbaros europeos anteriores a la romanización, usaban trozos de lienzo para secarse las manos, denominándolos TUALIAS. Y de esta manera, la toalla fue pasando de época en época ganando prestigio como obsequio y regalo, ya que era muy apreciada en el ajuar de una doncella casadera. Cuenta la historia que en el siglo XVI, cierta dama madrileña recibió como regalo una toalla de Holanda nueva y labrada, como se diferenciaban entonces, fabricando en terciopelo las más lujosas y en lino otras.

Pero ganaría más popularidad aún durante el siglo XVII cuando el dramaturgo barroco Agustín Moreto en pleno siglo de Oro matizó que toda maleta de viaje debía contener una toalla, un espejo, un cepillo y un libro de comedias. Según este escritor, esos eran objetos no excusados para un viajero.
Y el boom comercial de la toalla llegaría a finales del siglo XIX ya que el triunfo de la industria toallera coincidió con la generalización de la preocupación por la limpieza y la higiene. Fue entonces cuando toallas de excelente felpa policromada, colocadas en artísticos bastidores en número de catorce, por tamaños y colores, eran cambiadas a diario en los hoteles neoyorquinos de principios de siglo. Esto fue de manera obligada según una ley del departamento de Sanidad de Estados Unidos del momento.

Desde entonces y hasta nuestros días, la toalla no ha dejado de reinterpretarse y ya no solo es un objeto necesario en nuestro baño sino que se ha convertido en el canal perfecto para emitir mensajes publicitarios que no pasan desapercibidos en la playa o en la piscina, donde una toalla de playa es un artículo ingenioso y original que las marcas han sabido aprovechar como soporte y medio para su publicidad. Y con sus distintos formatos ha desarrollado una estela de usos alternativos que han ido creciendo según demanda y culturas.

Es tan amplio el mundo de la toalla que este objeto nos dará para informar y expresarnos en más de un post. Por el momento, en el boletín que hemos preparado esta semana, “TRIBUTE TO THE TOWEL”, dejamos la puerta abierta a varias alternativas de tamaños, calidades e interpretaciones para mostrar una vez más que un objeto común, la toalla, y la publicidad se dan la mano y son compañeros de viaje perfectos en una campaña promocional.

Cristina Álvarez
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